Las Aventuras de
Tom Bombadi

El viejo Tom Bombadil era un alegre sujeto;
De chaqueta azul brillante y botas amarillas;
Llevaba en su alto sombrero una pluma de ala de cisne.
Vivía bajo la colina, donde el Tornasauce
Corría desde su fuente herbosa hasta la cañada.
El viejo Tom en verano caminaba por los prados
Recogiendo ranúnculos, persiguiendo a las sombras,
Cosquilleando a las abejas que zumbaban entre las flores,
Sentándose junto al agua durante horas y horas.
Allí su barba se balanceaba hasta tocar el agua:
Llegó Baya de Oro, hija de la Dama del Río;
Tiró del cabello colgante de Tom. Y él cayó revolcándose
Bajo los lirios de agua, resoplando y tragando agua.
“¡Eh, Tom Bombadil! ¿A donde vas?”
Dijo la hermosa Baya de Oro. ¡Estás soplando burbujas,
Asustando a los peces aletados y a las pardas ratas de agua,
Espantando a los somormujos, anegando tu sombrero emplumado!
“¡Tráelo aquí de nuevo, hermosa doncella!”
Dijo Tom Bombadil. No me importa vadear.
¡Ve abajo! ¡Duerme de nuevo, donde los charcos son oscuros,
Lejos bajo las raíces de los sauces, pequeña dama de agua!
De vuelta a casa de su madre en la profunda caverna
Nadó la joven Baya de Oro. Pero Tom no la siguió;
Se sentó en nudosas raíces de sauce, bajo el sol,
Secando sus botas amarillas y su ensuciada pluma.
Se despertó entonces el Hombre Sauce, empezó su canto,
Cantó y Tom se durmió pronto bajo las oscilantes ramas;
En una hendidura lo atrapó con fuerza; ¡clack! Se cerró,
Y atrapó a Tom Bombadil, chaqueta, sombrero y pluma.
“¡Ja, Tom Bombadil! ¿En qué estabas pensando,
Las aventuras de Tom Bombadil y otros versos del Libro rojo
5
Husmeando en mi árbol, observando como bebo
en mi profunda casa de madera, cosquilleándome con tu pluma,
Salpicando mi cara como la lluvia?”
“¡Déjame salir, Viejo Hombre Sauce!
Estoy bien tieso aquí, no son buena almohada
Tus raíces duras y torcidas. ¡Bebe el agua del río!
¡Vuelve a dormir de nuevo, como la Hija del Río!”
El Hombre Sauce lo dejó libre cuando oyó sus palabras;
Cerró enseguida su casa de madera, refunfuñando y crujiendo,
Susurrando dentro de su árbol. Fuera de la cañada del sauce
Fue Tom caminando junto al Tornasauce.
Bajo los aleros del bosque se sentó mientras escuchaba:
En las ramas, los pájaros sibilantes gorjeaban y silbaban.
Las mariposas se estremecían y temblaban sobre su cabeza,
Hasta que llegaron nubes grises, y el Sol se hundió.
Tom se apresuró entonces. La lluvia empezó a caer,
Anillos circulares se esparcían en el fluyente río;
Sopló un viento, las agitadas hojas dejaron caer frías gotas;
El Viejo Tom se deslizó en un acogedor agujero.
Salió el Tejón, con su nevada frente
Y sus oscuros ojos parpadeantes. En la colina excavaba
Con su mujer y sus muchos hijos. Por la chaqueta le agarraron,
Bajo tierra le arrastraron, le llevaron a sus túneles.
Dentro de su casa secreta, se sentaron murmurando:
“¡Eh, Tom Bombadil!, ¿de donde has salido revolcándote,
Quebrando la puerta? Los Tejones te han atrapado.
¡Nunca encontrarás el camino por el que has entrado!”
“Ahora, viejo Tejón, ¿oyes lo que digo?
¡Enséñame la salida ahora mismo! Debo salir a caminar.
Llévame a tu puerta trasera, bajo las eglantinas;
¡Luego limpia tus sucias zarpas, enjuaga tus narices llenas de tierra!
Vuelve a dormir de nuevo en tu lecho de paja,
¡Cómo la Bella Baya de Oro y el Viejo Hombre Sauce!”
Entonces los tejones dijeron: “¡Discúlpanos!”
Mostraron a Tom la salida de su espinoso jardín,
Volvieron y se ocultaron, agitándose y temblando,
Bloquearon sus puertas, cubriéndolas con tierra.
La lluvia pasó. El cielo se aclaró, y en la noche de verano
el Viejo Tom Bombadil reía mientras volvía a casa,
Desatrancó su puerta de nuevo, y abrió una contraventana.
En la cocina las polillas empezaron a revolotear;
A través de la ventana Tom vio a las nacientes estrellas titilar,
Y a la delgada luna nueva descender hacia el oeste.
La oscuridad cayó sobre la colina. Tom encendió una vela;
Se oyeron crujidos en la escalera, giró el tirador de la puerta.
J.R.R. Tolkien (traducción de Ramón Passolas)
6
“¡Huu, Tom Bombadil! ¡Mira lo que te trae la noche!
Estoy aquí, tras la puerta. ¡Por fin te he atrapado!
Olvidaste al Tumulario del viejo montículo
Allá en la cima de la colina, en el círculo de piedras.
Es libre de nuevo. Bajo tierra te llevará.
¡Pobre Tom Bombadil, pálido y frío te tornará!”
“¡Fuera! ¡Cierra la puerta y no vuelvas nunca!
¡Llévate tus centelleantes ojos, tu risa hueca!
Vuelve al montículo herboso, en tu lecho de piedra
tiende tu cabeza huesuda, como el Viejo Hombre Sauce,
Como la joven Baya de Oro, y los Tejones en su madriguera.
¡Vuelve al oro enterrado y a la tristeza olvidada!”
Huyó el Tumulario saltando por la ventana,
A través del patio, sobre la tapia como una sombra barrida,
Lamentándose volvió a la colina, al inclinado círculo de piedras,
Bajo el montículo solitario, agitando sus anillos de hueso.
El Viejo Tom Bombadil yació sobre su almohada
Más dulce que Baya de Oro, más tranquilo que el Sauce,
Más abrigado que los Tejones o que los Tumularios;
Durmió como un tronco, roncó como un fuelle.
Se despertó con la luz de la mañana, silbó como un estornino,
Cantó, “¡Ven, derry-dol, alegre-dol, querida!”
Palmeó su abollado sombrero, botas, chaqueta y pluma;
Abrió la ventana al clima soleado.
El sabio Viejo Bombadil era un sujeto cauteloso;
De chaqueta azul brillante y botas amarillas.
Nadie atrapó nunca al Viejo Tom en las colinas o en la cañada,
Andando por los senderos del bosque, o junto al Tornasauce,
O en los estanques de lirios, en un bote sobre el agua.
Pero un día Tom fue y capturó a la Hija del Río,
Con su vestido verde, su suelto cabello, sentada en el juncal,
Cantando antiguas canciones de agua a los pájaros en los arbustos.
¡La atrapó, la agarró velozmente! Las ratas de agua se escabulleron,
Las plantas silbaron, las garzas gritaron, y el corazón de ella se agitaba.
Dijo Tom Bombadil: “¡Aquí está mi hermosa doncella!
¡Deberías venir a casa conmigo! La mesa está puesta:
Crema amarilla, panal de miel, mantequilla y pan blanco;
Rosas en la ventana y pájaros piando en los postigos.
¡Deberías venir bajo la colina! ¡No temas por tu madre
En su profundo y herboso estanque: ¡no hallarás un amante allí!
El viejo Tom Bombadil tuvo una alegre boda,
Coronado de ranúnculos, sin pluma ni sombrero;
Su esposa con nomeolvides y lirios como guirnalda
Estaba vestida de verde y plata. Él cantaba como un estornino,
Zumbaba como una abeja, tocaba el violín,
Abrazaba a su Doncella del Río por su delgada cintura.
Las aventuras de Tom Bombadil y otros versos del Libro rojo
7
Las lámparas brillaban en su casa, y la cama era blanca;
En la brillante luna de miel, los Tejones llegaron con paso suave,
Bailaron bajo la Colina, y el Viejo Hombre Sauce
golpeó, golpeó el cristal de la ventana, mientras dormían en la cama,
En la orilla junto a las cañas la Dama del Río suspiraba,
Oyendo al viejo Tumulario gritar en su montículo.
El Viejo Tom Bombadil no prestó atención a las voces,
Golpes, crujidos, pies danzantes, ruidos nocturnos;
Durmió hasta que el Sol salió, y entonces como un estornino cantó:
“¡Hey! ¡Ven derry-dol, alegre-dol, querida!”
Sentado junto a la puerta, cortando ramas de sauce,
Mientras la Hermosa Baya de Oro peinaba sus rubias trenzas.